Lo nuevo de George Clooney :”Midnight in the Universe”

“Midnight in the Universe” de George Clooney: una película tibia y mundana

En su séptimo largometraje, el actor interpreta a un hombre plagado de cáncer, que, junto a una niña, trata de salvar nuestra civilización. Una película que vemos sin disgusto, pero que no ofrece un punto de vista real.

George Clooney en “Midnight in the Universe”

Y si fuera demasiado tarde para el fin del mundo. ¿Cuánto tiempo llevamos contando esta historia? ¿Diez, veinte, cincuenta años? ¿Desde los albores de los tiempos? No importa, vamos a decir: sigue siendo una buena historia, o más bien un buen molde, que uno puede llenar con mil arcillas para dibujar tantas ficciones.

El problema es que el utilizado aquí por George Clooney, sin ser feo, no tiene cualidades particulares. Es común. Banal. Lo he visto antes. Y da la impresión, al final de un año particularmente oscuro, de no ser más que una recreación, un rehacer a aquellos que, en la mesa de la familia, salen de la boca de los tíos viejos amargados pero todavía un poco lúcidos, que pensamos salvarnos este año saltándonos la caja de banquetes de Navidad. Perseguir el apocalipsis a través de la puerta, que vuelve a través de la ventana – la ventana de Netflix en este caso.

Adaptada de una novela de 2016 escrita por Lily Brooks-Dalton, Midnight in the Universe es el séptimo largometraje de George Clooney. No es lo peor, serían Juegos de Dupes, o Monuments Men— no es lo mejor, es Buena Noche y Buena Suerte.

Se filma a sí mismo como un viejo ermitaño triste y barbudo, recluido en su Observatorio del Polo Norte, claramente más San Nicolás que Santa Claus. Plagado por el cáncer terminal, decidió contemplar el cáncer que se come solo a la Tierra. Este nunca será identificado, pero se cree que es un desastre de geoingeniería. La única certeza es que el planeta se está asfixiando, lo que queda de la humanidad es la tierra, y George Clooney está esperando la muerte.

Y lo hace bastante bien, debemos admitir, en lo que se podría decir que son las mejores escenas de la película, secas, contemplativas, misteriosas, auténticamente desesperadas. Luego aparece una niña pequeña, muda, de la nada, visiblemente abandonada por aquellos que vivieron allí, que acompañará a la vieja guardia en su misión final: contactar a los centinelas espaciales en busca de un exoplaneta, y decirles que se queden allí, y que funden una nueva civilización.

Una película en piloto automático

La película alterna secuencias en el Polo Norte (intercaladas con flashbacks muy inconsistentes, cuyo significado resultará ser al final) y en una nave espacial, en compañía de los cinco miembros de la tripulación (la mayoría de los cuales apenas se desarrollan como personajes). Y de estos dos conjuntos, por desgracia, Clooney dibuja sólo imágenes tibias, abofeteadas por haber sido micro-sin fecha. La parte helada a veces evoca The Revenant (que tiene el mismo guionista), a veces The Thing; la parte de la ópera espacial mira a Interstellar, Gravity o Alone en Marte; pero nada causa la más mínima chispa.

Uno se desliza desagrista de una escena a otra, pero nunca el ojo se detiene en un avión memorable, en cualquier detalle que sacaría la película de su modo de piloto automático. Sin mencionar las orejas, perezosamente adormecida por una de las bandas menos originales firmadas por Alexandre Desplat. En cuanto al giro final, si confiere un poco de emoción y sorpresa al conjunto, hace especialmente lamentar que un cineasta con un punto de vista real (Shyamalan, al azar) no se hiciera cargo del proyecto. Si realmente es medianoche, entonces es hora de filmar el nuevo día, en lugar del viejo que se está muriendo.

 

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